Esperanza Aguirre ha convocado a los sindicatos para intentar un recorte de la presencia de representantes sindicales en el seno de las empresas y entidades públicas. Aguirre desmiente así con sus hechos lo que María Dolores de Cospedal proclamaba hace unos meses cuando decía que el PP es el partido de los trabajadores. Ya sabemos que para la derecha de este país que representa el PP, el mejor delegado sindical es el que no existe. De ahí que el sector más reaccionario se vanaglorie de no tener delegados sindicales en sus empresas.
La intención del PP de Madrid, especialista en explorar para Rajoy los territorios ultramontanos, atenta gravemente contra los derechos sindicales y, en caso de salir adelante, la medida vulneraría el Estatuto de los Trabajadores. También choca frontalmente con el decálogo de las Naciones Unidas sobre la responsabilidad social de las empresas, uno de cuyos puntos realza el papel de los representantes sindicales en la negociación de las condiciones de trabajo. Y contra el sentido común porque el PP olvida el necesario equilibrio de poderes que aporta la presencia de los sindicatos y lo vital que resulta para la paz social que los empleados tengan voz en el seno de las empresas.
Aguirre sabe que su idea no va a salir adelante por descabellada. Pero la lanza con la intención de avivar un debate que sólo tiene como fin el descrédito de los sindicatos en un momento clave como el actual. Denigra el cometido de los liberados sindicales, de los que dice que son demasiados y que no siempre trabajan en defensa de los intereses que les son propios. En realidad, el número de delegados es el que contempla el Estatuto de los Trabajadores según el volumen de las empresas y, salvo excepciones, dedican todo su esfuerzo y su tiempo -muchas veces incluso los días festivos- a hacer oír la voz de los trabajadores. Pero ya sabemos que cuando la derecha quiere desprestigar a un colectivo, toma la parte por el todo, la excepción por la regla, y lanza la andanada con la intención aviesa de “difama, que algo queda”.
El PP usa las palabras, las vacía de contenido y después las tira a la basura. Se dijeron el partido de los trabajadores, pero procuran la debilidad de los sindicatos. Porque de eso se trata ahora, de cargarse a los sindicatos. Todo esto pone de manifiesto que el PP se ha dejado caer por la espiral de las organizaciones antisistema. Para el PP, el mejor delegado es el que no existe, como la mejor política es la desprestigiada y la única salida de la crisis económica que admiten sus dirigentes es la que les lleve a ellos a la Moncloa. Todo lo demás es catastrófico. Lo que no saben es que se les ven las intenciones y que el abuso al que someten a la política, forzándola de manera torticera, se les está volviendo en contra. Si no, al tiempo.


¡¡¡AYUDEMOS AL TIEMPO!!!.
Muy buena tu entrada. Da una visión muy completa del proceder del PP.
Nos encontramos ante el peor de los escenarios: el principal partido de la oposición convertido en un partido antisistema, dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder.
Saludos.