Nací en el seno de una familia humilde de un barrio obrero de Madrid. Recuerdo que, en ocasiones, en alguna sobremesa familiar, al ver los lujos con los que vivían algunas personas, se suscitaba la conversación con el eterno sueño del “si yo fuera rico…”. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez, verdad?
Un aspecto que invariablemente aparecía en esas conversaciones era la relación entre dinero y felicidad, y acababa con el acuerdo casi unánime de que lo más importante era la salud. Uno de esos días, mi abuelo paterno, al vernos con la mirada perdida, entre la melancolía y la frustración del sueño imposible, nos dijo una frase que me ha acompañado toda mi vida: “la economía mal entendida es el principio de la miseria”.
Me imagino que el autor de esa frase no fue él, pero me ha acompañado, tanto en mi faceta personal como en las responsabilidades profesionales y políticas que he desempeñado hasta la fecha. Creo que la magia de su significado es clara: importa tanto la cuantía de los recursos de los que dispones, como la administración que haces de los mismos. No se trata sólo de gastar más o menos sino, sobre todo, de saber gastar.
Si la sociedad global hubiera tenido el consejo de mi abuelo en cuenta, quizás la crisis que padecemos desde hace dos años largos, no habría tenido consecuencias tan catastróficas. Pero creo que, aunque debemos aprender de nuestro pasado, es mejor pensar en nuestro futuro de forma positiva.
Ayer os pedí, en mi muro de Facebook que me dierais vuestras opiniones sobre si la austeridad era la mejor receta para salir de la crisis. Casi todos coincidís en que la austeridad es importante. La buena administración de los recursos es fundamental, tanto públicos como privados. Coincido con vuestras aportaciones.
Pero hay un tema que me preocupa: Que esta situación sea aprovechada por quienes piensan que lo público se debe reducir a la mínima expresión en beneficio de lo privado. Y que bajo este acuerdo, casi colectivo de la necesaria austeridad, se esconda un recorte o una privatización del estado del bienestar: salud, educación, pensiones, dependencia.
Mantengo la tesis de que hay grupos interesados en los pingües beneficios que conllevaría la privatización de la salud, de la educación o de las pensiones públicas.
Cualquier apuesta de futuro debe basarse en principios como la igualdad y la sostenibilidad. Y los últimos 20 años han sido de retroceso en estos dos aspectos fundamentales: somos más desiguales y menos sostenibles. Esto requiere una reorientación desde lo público y desde lo privado.
No se trata sólo de gastar menos, que evidentemente tendrá que ser así por los excesos cometidos, sino que se trata de invertir mejor en aquello que sea más importante para nuestro futuro. Un futuro que tendrá que estar dirigido por la necesaria innovación que nos lleve a un mundo más igualitario y más sostenible.
Porque no todo el mundo comparte estos principios. Hay quien piensa en un progreso marcado por trabajar más y cobrar menos, en el que muchos de los servicios del estado del bienestar están mejor privatizados, y la mejor política social y de igualdad es la de tener un trabajo. Para mi esto sería retroceder, no progresar.
Porque no todos soñamos con ser ricos. Algunos ya lo son y quieren serlo más. A ellos, la igualdad y la sostenibilidad no les ayudan a cumplir sus sueños.
Me gustaría dejaros con algunos de los comentarios que me resultaron más interesantes en ese debate. No están todos, el resto los tenéis en mi página. Mi agradecimiento más sincero por la participación.
Joaquín Aguilar Gil Sin duda que la austeridad y el recorte en el gasto público es interesante, pero estaríamos dejando la mesa coja si esa austeridad no estuviera acompañada de un proyecto a medio largo plazo para buscar un cambio en el sistema productivo.
Ángeles Sánchez La austeridad, como base la educación, – respeto y el cuidado de los recursos naturales y personales.- Austeridad no miseria. -Auteridad empezando por los politicos y altos cargos, dando ejemplo al pueblo, alguien tiene que empezar. …Más que austeridad yo lo llamaria educación en gestionar los recursos responsablemente, en conciencia consciente…Gracias por preguntar, es uno de los pocos. Feliz lunes.
Ricardo Manuel Zuñiga Guevara La clave no esta en la austeridad sino en la eficiencia. Conseguir hacer más cosas con menos recursos.
Cacerolo Bon La austeridad que implica recortes en el gasto público es recorte en el Estado de Bienestar (y no me refiero a gastos superfluos). Por ejemplo, el 80% del presupuesto en personal (capítulo 1 del presupuesto de la Junta de Andalucía) es en sanidad y educación. Esto es médicos y profesores esencialmente. Austeridad, tal y como la Ministra Salgado nos ha propuesto (Sólo uno de cada 10 que se jubilen en las Administraciones Públicas, será sustituido, el resto amortizado) significará recortes en Sanidad y Educación. Esto se traducirá en privatizaciones.
Cristina Díaz-Pinés Sendra Yo más que austeridad hablaría de sostenibilidad, todo lo que no sea sostenible no ha de plantearse porque hipoteca el futuro. En esta línea, gastar más de lo que se tiene tampoco, evidentemente es sostenible. Respecto al dinero público to no creo que haya que ser cicateros, al contrario creo que hay que hacer actuaciones allí donde la iniciativa privada solo va a actuar para especular, o no va a llegar. Otra cosa son los gastos personales de los representantes públicos en el ejercicio de sus competencias, ahí sólo hablaría de honradez, sencillez y coherencia con nuestra ideología. Hay mucho que hablar sobre este tema.
Maria Carmen Padilla López En los gastos sociales tenemos que concienciar a la gente y educarlos para que sean conscientes del gran gastos que le supone al gobierno mantener esos gastos sociales y que la mayoría de las cosas sean gratis para la ciudadanía….
Ignacio García Fenoll Todo depende de los niveles de austeridad de que estemos hablando. Es evidente que, en plena recesión, no era posible aplicar recortes de gasto brutales, pues cualquier manual de economía indica que es imprescindible incentivar el consumo a través del gasto. Lo que sí es digno de ser debatido es a qué debe dedicarse ese aumento de gasto. Por otra parte, la austeridad no debe implicar a las partidas de gasto que añadan valor a la cadena productiva, sino a las partidas de gasto estructural sobredimensionado.
Eduardo Riol Hernández-Andalucía Orienta Yo coincido con las opiniones expresadas más arriba en el sentido de que contener a ultranza el gasto puede ser contraproducente para salir de la crisis, en la misma dirección que apunta el artículo de Paul Kruggman en El País. ¿Cómo si no se va a estiumular de nuevo el consumo?¿Cómo reduciremos el paro? Por otro lado, los que más presionan para aumentar la austeridad suelen ser los mismos que se suben los sueldos en los consejos de administración y que además nos han sumergido en este recalcitrante agujero negro, ¡qué desfachatez!
Javier Menezo El problema es que no tenemos otra opción porque al haber cedido nuestra soberanía monetaria: no tenemos moneda propia y no tenemos capacidad para devaluarla ni fijar tipos de interés, debemos actuar coordinados con el resto de Europa. Sin embargo, una reducción del gasto público en el momento en que la recuperación empieza y por tanto la ralentiza, disminuyendo la creación de empleo o creando más paro, con lo que hay menos que paguen impuestos puede hacer el camino mucho más difici, cuando parecería lógico centrarse en el empleo ahora y tener un plan antideficit en el medio plazo. Irlanda y Grecia ya han visto que al final la austeridad no les trae descenso en los tipos de la deuda y ni siquiera podrán pagarla sin hacer quitas

